Entradas agregadas ‘colaboradores’
Amorfos TV: Todas las amorfadas
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AMORFOS TV
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Vídeos caseros de locuras y performances absurdas. Amorfadas en vídeo.
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NOTA: Próximamente se irán resubiendo más amorfadas clásicas. Permanezcan atentos.
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CARTA
DE DESPEDIDA: |
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El iluminado de Chamberí
[9-10-2008]
El Iluminado de Chamberí por Dr.Escroto
Hallábame grabando un making of cuando un tipo extraño apareció. Tenía la cara picada por la viruela, un ojo blanco y greñas de jevi que contrastaban con su polo Ralph Lauren. Se apoyaba en una furgoneta, él y su litrona, por lo que supuse que era el dueño de la misma y que su insistente permanencia en el lugar de rodaje (llevaba observando ya 1 hora) se debía a que era el transportista del material de fotografía o algo así.

La inspiración para el personaje de El Enterrador podría haber provenido de este ser.
Pregunté a los de producción y ni Dios conocía a ese tipo. Seguro que ni siquiera esa furgoneta era suya. Debía ser simplemente un parado aburrido, como esos viejos que se quedan delante de las obras (para criticar el trabajo de los obreros) o de las puertas de los colegios (para vouyear teens con las mamas recién desarrolladas y minifaldas de cuadritos y coletitas y si hay césped en el campo se puede jugar y…¡arf! Perdonen, había sido poseído por Pedobear…sigo), el caso es que desapareció de repente.

Más no se puede apurar un cigarrillo.
Volvió al cuarto de hora con otra litrona. El rodaje no era nada del otro mundo, las tomas eran simplemente de un tipo andando por la calle, ya ven que apasionante. Pero al tipo le debía resultar fascinante, o más fascinante al menos que las obras o que las colegialas. Debía ser que no había ningún colegio cerca.

“Soy Dios, El Diablo, El Mesías, El Quinto Jinete del Apocalipsis, la virgen de la Cabeza, la virgen de Guadalupe y ya me callo que parezco Almodóvar cuando le dieron el Oscar”
Por fin se terminaron las tomas y llegó la hora de moverse de localización. Mientras el equipo recogía, el hombre seguía sin moverse de su sitio…y yo, por no ayudar a recoger, seguía haciendo making of del equipo recogiendo. En una de esas que pasé al lado del ser del ojo blanco, éste me dijo algo. No recuerdo el qué, pero fue algo tan freak que pasé del making of del corto y comencé a grabar al freak, a ver si soltaba más perlas. Y vaya si las soltó. Habló durante casi media hora sin parar. Decía ser El Mesías. Enlazaba una revelación tras otra, superando en número a las de Fátima. Se declaraba el Quinto Jinete del Apocalipsis, y también ser Satanás. Sus antepasados son “San Miguel, el Apostol Santiago, la Santa Isabel y San Isidro Labrador”. Era “El Abogado de Dios”, “El Guardián del Cielo y de la Tierra”, entre otros importantes cargos. Explicar con palabras su discurso milenarista no tiene sentido, hay que verlo y oírlo. SENTIRLO. Aquí tienen la primera parte del revelador documento:
¡ARRODILLAOS ANTE EL NUEVO MESÍAS!
LAS DEMÁS REVELACIONES:
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Entrevista a Torbe, freak, actor porno y webmaster de putalocura.com
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Entrevista a Torbe por Dr.Escroto Torbe es actor porno, guebmaster de putalocura y cerda en celo. Hizo un cameo en Torrente 2 con su famoso grito. |
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¿Cómo te metiste en el mundo del cómic?
Desde niño siempre leí comics, era mi salida al coñazo de aquellos años en los que no había apenas ocio. Empecé con mortadelo y a los 13 años descubrí Creepy, Totem, Metal hurlant, comix internacional, 1984 u otros, q me servían principalmente para hacerme pajas, el porno estaba difícil pillar, y las pajas hicieron que me metiera en el mundo del comic.
Además yo dibujaba, las clases me aburrían sobremanera y me pasaba todo el tiempo dibujando, tengo libros de texto totalmente dibujados. El de historia es el descojono, porque a todas las figuras mundiales se les ven con bigotes o pollas, o diciendo barbaridades. Me acuerdo que mi libro de ingles se pasaba entre los compis como un tebeo, porque estaba lleno de chistes. Se convirtió en un hito.
A Torbe le volvieron loco en colegios de curas y así está, hablando con los cerdos. |
¿Cómo fue estudiar en un colegio de curas?
De pequeño mis padres me llevaron a muchos colegios con la inocente intención de buscar el mejor para mí. El resultado fue que me volví loco. Encima tuve un padre muy severo que quería que sacase sobresalientes en todo. Entre los cambios de colegio y la presión de mi padre empece a suspender. Y al suspender, mi padre enloqueció y me llevó a sitios terribles, como el colegio Izarra, un internado que era el colegio mas caro de españa por entonces, de Rumasa. Fuí de los pocos niños en la historia de ese colegio que se escapó con 10 años y llegó a su casa, de Álava a Bilbao. |
Vaya viajecito.
Y después para rematar la jugada me metió en un colegio del OPUS con 14 años , hasta los 19. Etapa que me comieron el coco a base de bien, y que me creí todo. Me la pelaba y estaba acojonado con que iría al infierno.
Así que supongo que eso me hizo disfrutar de la manera en que disfruto el sexo y me convirtió en un pajero. Y a la postre un friki. Y así que he acabado en el porno.
Es un poco el mensaje de vuelta para esos curas anormales que no saben disfrutar del sexo y para los intransigentes que quieren construir hijos perfectos como mi padre.
Ahora soy un provocador nato, un inconformista, un polemista.
El sexo es una manera de llamar la atención y alzar la voz.
| ¿Alguna anécdota sobre pajas?
Hubo una época que me aficioné a hacerme pajas en cualquier sitio. Medio escondido, con gente delante. Hubo veces que estuve al borde de que me pillaran. La única vez que me pillaron fue un casero que estaba loco, que entraba sin hacer ruido en la casa y andaba de puntillas el cabrón. Yo reconozco que he tenido pajas impresionantes, yo he visto a dios en el orgasmo pajil. |
Torbe, en plena pajilla
Torbe, en el momento de la pillada |
El record creo que está en 7 pajas en un día. Había días que no podía parar. Había meses que me hacía 4 al día.
¿Aburrimiento?
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No, costumbre. Era lo normal, mi cuerpo eso me pedía. A mí me llaman torbe (torbellino) por algo: yo antes era un volcán, no paraba quieto. Las pajas me tranquilizaban. Y como no me drogaba, no bebía, no fumaba…de alguna manera tenía que colocarme y a veces me llegué a preguntar si era un enfermo.
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¿Cómo se hace uno actor porno?
Lo había pensado hace años, pero todavía el pudor y el creer que con mi físico no me darían trabajo era lo q me echaba “patrás”. Además era un misterio el saber si funcionaría o no, pero lo que he hecho ha sido romper tópicos y me alegro, me gusta siempre hacer cosas originales y diferentes, como putalocura.
¿La mezcla de humor y sexo se complementa?
Sí. Yo mira que he visto porno, y la mezcla de humor y porno la he visto en contadísimas ocasiones y muy mal hecho. De hecho, la gente del porno te decía que no casaba. Y ahora la mayoria de las productoras del porno agonizan porque no venden como antes, normal, la gente esta saturadísima de lo mismo. Mucha gente que está en el porno no sabe hacer otra cosa. Se encontraron con algo que les daba de comer, nunca se esforzaron por hacer las cosas bien. Sabían que haciéndolas normal o mal lo iban a vender igual y en creatividad, cero. Siempre es lo mismo, es como hacer tornillos.
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¿Cómo se liga con 100 tías en un verano? ¿Hay truco?
Eso fue un error de Crónicas Marcianas, no fue en un verano, sino en 3. Se lo dije pero no lo quisieron cambiar porque pegaba más eso. Pero hubo un verano que estuve casi con una tía diferente cada día y el truco fue estar en el momento adecuado con las personas adecuadas.
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¿Qué opinas de la tele?
¿Crees que internet sustituirá a la televisión?
Sí, es un invento acojonante. Es la revolucion, y veras cuando cualquiera pueda montarse su propia tv. Sí, definitivamente, internet sustituirá a la televisión cuando haya buenas conexiones (que con telefonica lo veremos en siglos).
Ya controlaron las teles locales, pero esto va a ser dificil que lo controlen del todo.
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¿Se puede vivir de una pagina web?
Depende de como sea la web. ¿Se puede vivir de los toros? Depende del torero. Aquí no hay truco milagroso que sirva para todo el mundo: aquí o se tiene talento o no se tiene. Y luego perseverancia, constancia, cabeza… ¿Cuál crees que es el secreto del éxito de putalocura? El que lo que tiene no lo tienen otras webs, el lenguaje claro y directo, las risas, el sexo, la provocación….todo lleva su sello. |
¿Cuánto tiempo diario le dedicas a la web?
Las 24 horas.
¿Incluso cuando duermes?
Pues casi. He llegado a estar aquí metido 16 horas seguidas, con un dolor de espalda de tres pares.
Actualmente ¿Qué proyectos tienes en marcha?
Sacar un libro con mis memorias sexuales, que es el libro que prometí hacer cuando fuí al programa Crónicas Marcianas; sacar en video y dvd el porno freak de cerdillas, sacar un libro con los mejores artículos de putalocura, sacar otras 5 webs más y mil cosas más.
Entrevista a Lalefa
Entrevista amorfa a Lalefa.com por Dr.Escroto
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Saludo desde mi más sincero escroto, Lalefa.com, habéis aceptado realizar una entrevista amorfa, y como tal, no me responsabilizo de las preguntas gilipollas que saldrán de mi teclado. Así mismo, espero que vuestras respuestas sean otro homenaje a la estupidez.
Comencemos por una pregunta que me tiene sin dormir día sí y día también: |
¿Por qué vuestra gueb se llama lalefa.com? ¿elsemen.com y elesperma.com ya estaban pillados?
ARDILLA: Como bien sabrás, si dices “fale” muchas veces seguidas se produce una cacofonía que da como resultado “lefa”. Esto fue decisivo para nuestra elección. Intentarlo en casa con la supervisión de un adulto.
¿Cómo se os ocurrió empezar a filmar los lefa-videos?
Pepo: No se nos ocurrió. Brotaron de lo más profundo de nuestras prostatas. No es que se nos ocurriera crear esos videos, si no que se nos ocurrió bajar la cámara de juerga.
ARDILLA: Son pura improvisación, es como violar a una anciana en coma, es algo que te viene a la cabeza de repente y simplemento lo haces.
Mandrake: Una voz satánica dentro de mí me dijo que debíamos dejar pruebas visuales de nuestras fechorías.
¿Qué se necesita para grabar videos estúpidos?
Pepo: Estúpidos y video.
ARDILLA: Una videocámara, un cámara de videocámara y mucha heroína, o pensabas que somos así siempre.
Mandrake: Un congrio, muxo alcohol y un poco de jaco.
Campitxi: Imaginación y no tener vergüenza
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¿Todos vuestros videos están hechos bajo intoxicación etílica? Miki: No, no solo etílica. ARDILLA: El alcohol hace tiempo que se nos quedó flojo. Yo para meterme en mis personas fumo base de cocaína, aplicándole unas gotitas de amoniaco y luego calentando la mezcla, introduce una pajita en la pompa que se hace, absorbe y TA CHÁN! Se acabó la cruda realidad. |
¿Son improvisados o tenéis pensado previamento lo que vais a realizar
(en el supuesto de que seres como vosotros piensen, claro)?
Ardilla: Estás en lo cierto: no pensamos. A mí personalmente se me da mal el pensar. Simplemente dejamos salir ese católico reprimido que todos llevamos dentro y le damos rienda suelta.
Pepo: ¿Qué clase de genio del mal escribe tanquilamente en su casa un argumento sobre un hombre que se apaga brasas en el champiñón?
Miki: Algunos improvisamos, otros pensamos algo y luego hacemos lo q nos sale de la polla (lalefa).
Campitxi: Aunque te parezca extraño el nivel intelectual del grupo es muy alto. Hay ingenieros, economistas etc etc
Pues sí. Me parece extraño.
| Pepo, el barbudo de los streaptease, ¿ha tomado clases de baile? Pepo: La pregunta es un fallo en si misma: no soy el alumno; soy el maestro. Miki: 5 pajas diarias le dan un sentido del ritmo excepcional. Mandrake: El propio Hitler aliado con Satán le enseñó el arte de embelesar con el baile. |
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¿Qué se siente cuando tu chorra está a la vista de cualquier internauta?
Pepo: Es complicado. Mi pene es bastante más popular que yo (ironías de la vida). ¿Os acordáis de Desafío Total y su inquietante y sensual “Kuato”? Vivo una relación parecida con mi badajo.
Ardilla: Me siento bien. Es gratificante saber que algun gay se está masturbando pensando en tu culo.
Miki: Me gusta saber que nunca llegaré a nada.
Mandrake: Me excita y me pone to porzo.
¿Le mandan e-mails l@s fans? ¿le paran por la calle y le dicen “ei, si
tú eres el que se saca el cimbrel en internet”?
Pepo: Lo más es que sí. Ahora mismo estoy fumando, escribiendo a unos marginados sociales que han dedicado momentos de su vida a hacernos preguntas. Denota interés. Me han parado 5 veces por la calle para pedirme un striptis. Y en León decían que nunca llegaría a nada…
Mandrake: Sí , es harto conocido entre la comunidad intelectual, y ademas alabado por Satán y sus discípulos.
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En un video os metéis en unas alcantarillas. ¿A qué huelen las alcantarillas? Ardilla: Huelen como un coño llenito a rebosar de regla y bañado de pota después de haber comido callos a la madrileña. Pepo: ¿A qué huele una caja llena de gatitos sin comida puesta al sol de agosto durante tres semanas? |
¿No teméis que Dr.Escroto de Amorfos TV os ponga una denuncia por
plagiar su video de meter la cabeza en el WC?
Miki: Miki no tema a nada ni nadie. Y me gustaría saber si ese Dr.Escroto tendría el valor de venir al bar El HIGo, no es cualquier WC.

Dr.Escroto VS Miki
NOTA: Días más tarde Dr.Escroto se paso por el WC del Higo y metió la cabeza entre meaos, potas y ñordos.
| Los videos de cocina son realmente amorfos. Por ejemplo, en el de Huevos con patatas fritas, no se trata de cocinar huevos de gallina, sino los propios del cocinero. ¿Pensaís sacar algún libro de cocina erótica? Ardilla: Tengo 3 libros publicados sobre este tema, te los recomiendo, puedes encontrarlos en la casa del libro. Sus títulos son: -Protocolo ante un beso negro con guarnición. -Tratado de coño al gusto de menta (receta tradicional). -Fuera kilos con la dieta de la polla y la cebolla (disponible en italiano) Miki:Todo en nuestra web es erótico festivo, otra cosa es que no te des cuenta por ser un vulgar salido. |
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Muchos videos los grabáis en el mismo bar. ¿Nunca os han echado del local?
Ardilla: En varias ocasiones lo han intentado. La última lo consiguieron gracias a la policía y a sus eróticas porras. Llevo dos semanas sin poder sentarme pero que gustazo me dió en su momento aquel fálico y justiciero objeto.
Pepo:El día del Congrio llamaron a la policía. De hecho, el momento cumbre de la noche suele ser cuando Felipe (el nipón de los bigotes) intenta largarnos del tugurio.
Mandrake: No, esos chinos trabajan en nuestra mafia, en realidad esto es una tapadera de prostitución infantil.
¿Cómo reacciona la gente que está tomando su copita tan ricamente cuando comenzaís a hacer el gilipollas?
Ardilla: La mayoría son expresidiarios o alcohólicos, les encanta que sigamos sus primeros pasos.
Pepo: Suelen defecarse en las manos para poder mirar embobados el vaho que se escapa de sus chorongos. Otros simplemente intentan deborarse sus propios carrillos.
Miki:Se apuntan. Si no puedes con el enemigo únete a el, y si es como nosotros, meale, como pasó el día del congrio con Pepe.
Campitxi:Se unen a la fiesta, nos adoran.
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En otro video un borracho se pasa un cigarro encendido por boca, oreja, nariz y por último, polla. ¿Porqué todos vuestros videos son un homenaje al alcohol y los genitales?
Ardilla: ¿Qué otras cosas existen que se puedan homenajear con tan cómico resultado? Pepo: A que va a ser si no. Habíamos pensado en homenajear a los padrastros y a los pomos de puerta, pero era demasiado comercial. |
Y por último, ¿qué le decís a la gente que piensa que estáis locos?
Ardilla: Que se equivoca. Nosotros somos los buenos, el mundo es el que está loco. Si no no comprendo como puede oler un coño tan mal y ser tan apetecible a la vez. ¿Por qué no pasa lo mismo con la caca? Todo lo bueno está prohibido. Como odio vivir.
Pepo: Primero les desollamos. Después introducimos todos los monos babuinos que le quepan en su pellejo, les vestimos y dejamos que se integren en la sociedad. A muchos de ellos les va mucho mejor con su familia y en su trabajo.
Campitxi: Que se venga de fiesta con nosotros y si no se ríe ni se lo pasa bien, aceptaremos lo que nos diga.
¿y a los que os admiran?
Ardilla: ¿Alguien nos admira en Altamira?
Mandrake: ¡Hazme el amor!! ¡Y deja que te frote el clítoris con mi verga a la vez que lamo tus pezones!
Campitxi:Que lo sigan haciendo. Algún día seremos grandes.
Videos de estos alcohólicos en Lalefa.com
Corto cortando, un relato del Langas
[19-10-2005]
Corto cortando un relato de Langas

Lo primero que mi amigo Dani se cortó fue el dedo meñique de su pie derecho. Usó para ello un cuchillo de cortar jamón, el cual, si bien cumplió su función de forma satisfactoria, más tarde se le reveló inadecuado para tales menesteres y en adelante utilizaría un bisturí siempre que el cuerpo le pidiera una automutilación (o más bien deberíamos decir el alma -o la mente, que no es mi intención predisponer al lector a una confianza forzosa en la existencia de la primera, asunto dejado al albedrío de sus propias creencias espirituales- pues ningún cuerpo en sus cabales solicitaría su propia sangrienta y paulatina extinción, o al menos no con tanto ímpetu y asiduidad como en este caso).
Era un tipo majo, el Dani. Un joven simpático y dicharachero, aficionado a la música, al ajedrez y a cortarse partes de su cuerpo. Educado, amable y amigo de sus amigos. No muy popular entre las mujeres (debido, lógicamente, a su ya mencionada afición al ajedrez), pero con una rica vida interior que solía asomar al exterior al menos dos veces al día; hablo, claro está, de un tiempo anterior a que se cercenara toda posibilidad de placer solitario o compartido, y más anterior aún a la memorable fecha en la que, tras no poco esfuerzo y sangre derramada, lograra librarse de gran parte de su brazo derecho, que, en todo caso, por falta de objeto, ya no era útil para tal fin, y al cual, en aras de conservar dignamente el orden del relato, me referiré más adelante.
Nada más fácil, observará ya a estas tempranas alturas el lector astuto, que el recordar con claridad el orden cronológico de los acontecimientos en esta narración, ya que, en un juicio extremadamente simplista, se reduce a una cuenta atrás, partiendo de un cuerpo entero y sano tal y como lo conocemos, hacia un final que, en el tiempo en que las secuelas de la nueva afición de Dani apenas se apreciaban a simple vista, se presumía incierto. No obstante los que vivían ignorantes de su nuevo modo de vida pronto se enterarían, ya que lo siguiente en caer (o más bien en desprenderse) fue la mano izquierda. Un acto irreflexivo y precipitado, fruto del lógico entusiasmo inicial, que el propio Dani lamentaría más adelante cuando dicha tara le impidiera acceder a otros rincones de su anatomía con más facilidad. En cualquier caso, de todo error el sabio aprende, y a raíz de éste nuestro amigo tomó la determinación de llevar un riguroso orden de amputaciones de cara a una correcta administración de sus recursos. “Porque lo que te cortas, se va para siempre”, solía decir. Este desliz, en concreto, no sólo planteaba obstáculos a un hipotético plan de desvanecimiento corporal a largo plazo, sino que convirtió la afición de Dani en algo notorio y visible para sus vecinos, cosa que molestaba sobremanera a sus padres, los cuales, sin embargo, transigieron, confiando en que algún médico o similar encontraría un remedio a la nociva costumbre de su hijo. Apenas se había puesto en marcha la búsqueda de dicho milagroso doctor o hechicero (la cual el astuto lector ya habrá supuesto más enrevesada que una cotidiana excursión dominguera para comprar churros y el Marca), cuando encontraron a Dani sentado, sonriente, sobre un pegajoso charco de sangre en su habitación, jugueteando divertido con lo que parecía ser su oreja (no recuerdo si la derecha o la izquierda, confío que sabréis perdonar mi mala memoria). El caso es que Dani acabó viviendo con su gato en un piso de alquiler, pagado por sus padres ante su firme negativa a ingresar en un hospital psiquiátrico; mejor eso que vivir bajo el mismo techo que un par de intransigentes que no comprendían la belleza de lo que hacía.
No sólo sufrió nuestro héroe el repudio paterno, sino también un severo revés en su vida social; muchos de sus amigos empezaron a rehuirle, su familia al pleno se cambió el apellido y, de haber tenido novia, seguramente le habría abandonado. Por suerte, Dani no tenía novia ni la tendría. A todo esto, tampoco tenía piernas: le llevó meses dejarlas a su gusto, empezó eliminando los molestos pies, y luego fue tratando de dejarlas perfectamente igualadas, a la altura de las rodillas más o menos. Pero cualquiera que haya intentado dejarse las patillas perfectamente simétricas adivinará lo que pasó: para cuando estuvo satisfecho con la absoluta armonía ente sus miembros inferiores, ya casi no había miembros propiamente dichos: apenas se extendían un palmo por debajo de su cintura. Eso sí, había pasado un par de meses de lo más entretenidos.
A todo esto, creo que habrá que instruir al lector más indocto en el modus operandi del amiguete Daniel: por supuesto que estos reajustes corporales no se producían de la noche a la mañana, como el estilo vivaz y dinámico de este humilde narrador podría hacerles suponer. Todo lo contrario, cada pequeño corte traía consigo un período obligatorio de cura para prevenir infecciones, que comprendía, a saber: limpieza, torniquete, extracción de sangre coagulada, reposo, otra vez limpieza, y vuelta a empezar. Un cuerpo que se desmiembra es como una planta que crece: exige cuidados, cariño y paciencia. Y a Dani le encantaba pasar las horas muertas autocultivándose.
Volviendo al hilo del relato, la ausencia de sus piernas, pese a llenarle de paz espiritual, le provocó no pocos problemas de movilidad, y acabó por no salir de casa y alimentarse de pizzas a domicilio; era ciertamente un modo de vida sedentario y nada sano, pero siempre se las arregló para mantener la línea: con un poco de trabajo de bisturí, los michelines desaparecían por arte de magia. Luego se los echaba de comer al gato, que sí que acabó poniéndose orondo. Durante un tiempo tuvo una asistenta que le hacía la limpieza casera dos veces a la semana, pero se despidió un día que entró en la habitación de Dani sin llamar y le encontró examinando lo que parecía ser su propia nariz, mientras un torrente de sangre oscura brotaba a borbotones de su cara. Para cuando pudo decir “Maruja, ¿puedes pasarme otro paquete de algodón, que esta hemorragia no se corta?” la señora ya había salido despavorida para no volver, y a punto estuvo Dani de morir desangrado.
Desde entonces la higiene de su casa dejó bastante que desear, y de los cuatro amigos que seguían visitándole ya sólo quedé yo, de modo que aprovechaba mis visitas para ponerle un poco de orden en la casa; qué menos, encima de que él me invitaba a pizza… Solíamos pasar buenos ratos jugando al ajedrez y hablando de cualquier cosa. En la última de estas visitas, al entrar me encontré a Dani postrado en el sofá, ya sin extremidades (creedme, la odisea de cortarse el brazo derecho merecería ser el tema de un relato propio, pero ya os lo contaré otro día), y con el torso reducido a la mínima expresión, casi desprovisto de piel y con los intestinos asomando, colgantes, por la parte inferior. Una visión ante la que un espectador no prevenido se habría aterrorizado, pero yo ya estaba curado de espantos en este asunto; le comenté que no sabía que los intestinos tuvieran ese color a la luz del día, me senté a su vera y comenzamos una charla acerca de, cómo no, miembros amputados, cortes en la carne, sangre, torniquetes, Betadyne, vendas, las mejores marcas de bisturís del mercado. Dani, como cualquier persona con una afición fuertemente arraigada, tenía la molesta, aunque involuntaria, costumbre de dirigir sus conversaciones hacia ese tema, a menudo hastiando al oyente. No era ese mi caso, habiendo sido en todo momento firme defensor de su derecho a remodelar su cuerpo a su voluntad (aunque dicha remodelación siempre fuera a la baja), de modo que escuché con sincero interés su relato de cómo ciertas partes de la cabeza, incluso el cráneo, podían retirarse sin prejuicios graves para la supervivencia. Me explicó que se podía cortar en vivo un alto porcentaje de masa encefálica sin ni siquiera precisar anestesia (a la cual él, en todo caso, nunca había recurrido). Fascinado, me ofrecí voluntario para cortarle allí donde él me indicara, pero él lo rechazó amablemente: “Cualquiera puede cortar a otro; la belleza reside en hacerlo uno mismo”. Me disculpé por mi atrevimiento y por dudar de su propia capacidad de corte y despiece (la cual a estas alturas no debería plantear ninguna duda); él le quitó importancia y pasamos un rato agradable hablando de los chismes del barrio, de mi nuevo trabajo como lanzador de pollos con cañón para una importante empresa aeronáutica, y de las novedades musicales, que Dani y yo coincidíamos en catalogar como basura sin talento, los 60, eso sí era música (como muchos contemporáneos nuestros, tendíamos a olvidar el hecho de que no habíamos nacido en los 60, y por tanto no había llegado a nuestros oídos la apabullante montaña de morralla musical que se creó y se olvidó en aquella misma década, igual que nuestros descendientes alabarían la música de los 90 en su feliz ignorancia de la existencia de Laura Pausini). Jugamos una partidita de ajedrez, y, cosa rara, le gané. Creo que tenía la cabeza en otra cosa. Me despedí de él con un abrazo, que Dani intentó sin éxito corresponder con sus muñones; ya estaba en el umbral de la puerta cuando me preguntó:
- Oye, antes de irte…
- ¿Si?
- ¿Podrías hacerme un favor?
- Claro, hombre.
- Es sobre lo que te contaba antes del cráneo, y la masa encefálica, y eso…
- Sí, hombre, pídeme lo que quieras.
- Bueno… ¿te importaría esterilizar un bisturí y ponérmelo en la boca?
Claro que sí, Dani. Siempre recodaré su carita de felicidad cuando le coloqué el afilado instrumento quirúrgico entre los dientes; se le veía más contento… Me despedí de él con la mano desde la puerta, gesto que él no correspondió, se le habría podido caer el bisturí. Esa fue la última vez que le vi, intentando rebanarse trozos de cabeza con rápidos movimientos de mandíbula, y aún hoy, tantos años después, le recuerdo con cariño y un poco de envidia: ojalá todos tuviéramos las agallas de vivir y morir haciendo lo que más nos gusta.
El círculo
[23-6-2005]

La primera y última vez que La Puta cogió en brazos a su hijo, fue cuando levantó su cuerpecito en vilo para tirarlo al contenedor de basura.
Si el destino les hubiera sonreído a ambos, El Hijo De Puta jamás habría salido de aquella húmeda y oscura cuna; pero una vecina entrometida que oyó su llanto le encontró y le llevó a su casa. Si hubiera sabido el putrefacto destino que aguardaba a aquel feto mal parido, probablemente le hubiera dejado rebozándose entre los desperdicios hasta la inanición, muerte plácida y no exenta de cierta dignidad. En lugar de ello, se lo entregó a la policía, anda que se lo iba a quedar ella, seguro que lo había abandonado una de esas rumanas de mierda que afeaban el barrio.
Primero fue al orfanato de Tres Cruces, donde aprendió las destrezas del robo y el engaño, y, aprovechando las grandes prestaciones académicas del confinamiento forzoso, hizo un máster en recibir palizas injustificadas, y otro en pajearse en los lavabos; fue adoptado por los López, una pareja modélica. El señor López era un tipo pintoresco: le gustaba sodomizar su (todavía) estrecho ano mientras escuchaba su sinfonía favorita; la señora, en cambio, era más discreta, y se quedaba en la cocina preparando la cena, mientras oía retumbar en la habitación contigua los alaridos del niño, que su gran imaginación convertía en ruidos de la caldera. Nunca podrá decirse que sabía (conscientemente) lo que ocurría bajo su techo, pero eso no le importó al Hijo De Puta cuando volvió a visitarlos años más tarde.
Mientras El Hijo De Puta crecía, La Puta aprendía de sus errores: era su segundo embarazo, el primero que llevaba hasta el final. No podía permitirse el lujo de otro, le restaba al menos dos meses de trabajo; serían más si no fuera por los clientes a los que les daba morbo la barriga, pero eran los menos, la mayoría si querían follarse a una embarazada no tenían más que volver a casa junto a su santa esposa. Por esa razón, decidió centrar su carrera en un único aspecto: comer pollas. Siempre se le había dado bien, y no entrañaba riesgos (eso creía ella en su santo analfabetismo). Volvió a su esquina habitual, pero limitó su oferta de servicios a las felaciones, o, como las llamaba ella, “¿quieres un repaso de bajos, hombretón?”.
El Hijo De Puta escapó de la casa de los López a los doce años, por aquel entonces ya podía hacer ventosa con su ojete en cualquier superficie plana. Conoció a unos chavales y se fue a pasarlo guay con ellos, joder, qué fácil es robar un coche, qué bien me lo paso, más rápido, más rápido, trae que conduzco yo, uy, de dónde ha salido esa vieja, y derechito al reformatorio, donde su ojal rememoró experiencias que ya tenía olvidadas, y no sólo por parte de los ridículos mangos de sus congéneres, sino también de ciertos vigilantes nocturnos que hacían que el recuerdo de la polla de su padre adoptivo le pareciera un viaje a Disneylandia. Nueve meses después de salir fue encerrado de nuevo por violar a una niña de trece años, tras reventarle la cabeza con una piedra; no le dio tiempo a correrse, pero disfrutó como nunca.
Para entonces, La Puta ya había pillado el SIDA, y se dedicaba a esparcirlo alegremente cual confeti en carnavales. También dio con sus huesos en el trullo unos meses, por morderle la polla a un cliente que encontraba excitante que se la chupara mientras la daba de collejas, y la obligaba a tararear mientras tanto la cancioncilla de “El puente sobre el río Kwai”, lo cual ella ejecutaba con notable habilidad, teniendo en cuenta que tenía un cipote alojado en la traquea. La gota que colmó el vaso fue cuando el interfecto, en el momento de eyacular, se tiró un cuesco espeso y oloroso que se le pegó a la pobre a la pobre a la cara durante una semana. Ahí decidió tomarse la justicia por su mano, o mejor por sus dientes, con tan mala suerte que el tipo resultó ser juez, y ya lo dice el refrán: “Qué mal genio tienen los jueces con un mordisco en la polla”. La Puta aceptó la condena resignada, al fin y al cabo ese señor sabía mucho más de Justicia que ella. Durante esos meses en los que no cató varón, la visitaba una niñata pija y estirada (no se qué ostias de asistente social) a convencerla de que cambiara de estilo de vida. ¿Pero qué cojones sabía ella de la vida? Seguro que sus papás la habían mimado mucho y nunca había engullido un miserable rabo. La Puta aguantaba estoicamente la charla de aquella insensata, mientras pensaba en salir, en el barrio, en las compañeras, y, a qué negarlo, en los miembros peludos y sin lavar que tendría que tragarse si no quería que su chulo la rajara en una esquina. En una de esas, el recuerdo de la textura y sabor de aquellos glandes anónimos se le hizo tan palpable, que la atacó una arcada y vomitó encima del traje de marca de la señorita. Mientras ésta se recuperaba de la impresión y huía indignada, La Puta se descojonaba como no lo había hecho en años, hasta que llegaron las carceleras y le cortaron la carcajada por la mitad a base de porrazos. Pero mereció la pena: no volvió ninguna asistente social a darle la brasa.
El Hijo de Puta salió del reformatorio antes de cumplir los dieciocho, pobre, si es que no era más que un crío, ¿cómo va a saber un chaval menor de edad que está mal golpear a una niña con una piedra en la cabeza hasta dejarla paralítica, cegado por sus hormonas alteradas por la infame revolución sexual que nos rodea?, alegó su abogado, y el juez le dio la razón. A los veinte cometió su primer asesinato. Cuando cumplió veinticuatro, ya podía recitar de memoria la lista de prisiones españolas, a las que añadía mentalmente un “sile”, o “nole”, cada vez le quedaban menos. Sus pasos por ellas solían ser fugaces, a fin de cuentas sólo era un chaval algo travieso pero en el fondo buen chico, que se divertía dando palizas a mendigos, robando en tiendas (a ser posible, con dependientas macizas a las que sodomizar) y trapicheando con una mezcla de talco y matarratas que los guiris le compraban compulsivamente, para morir intoxicados horas después. La Santa Administración debía preocuparse de individuos mucho más peligrosos para el bienestar social, como esos fétidos extranjeros que invaden nuestras fronteras como cucarachas con el maquiavélico plan de ganarse la vida trabajando (¡habráse visto!), o esos zarrapastrosos que se atreven a emborracharse en la calle, ¡como si la calle fuera de todos! Así las cosas, nuestro querido Hijo De Puta entraba y salía del sistema penitenciario sin más rehabilitación que una palmadita en la espalda y un “Y ahora a portarse bien, ¿eh?”, y con unas ganas locas de golpear a algún negrata hasta matarlo, o al menos dejarlo tullido.
Aquella noche de Diciembre La Puta tuvo un duro día: una fiesta de señores importantes, con corbata nada menos. Trece señoritas. Ella era la más veterana, y la escogieron precisamente por eso: la chupaba como nadie. Les ponía la polla a punto antes de que la hundieran en esos chochitos juveniles y rasurados. Ella no podía evitar sonreír, pensando: “así empecé yo…”, aunque lo de depilarse siempre le había parecido una mariconada, antes a los hombres les gustaban las cloacas peludas y bien cargaditas de ladillas. Hacia las ocho de la mañana, ya tenía la garganta atrofiada de felar tantos rabos, y la lengua dormida de tanto semen como había tragado; le tiraron unos billetes con desprecio los mismos que minutos antes la llamaban “reina” y salió de la casa borracha, drogada, con náuseas y tambaleándose. Suerte que tenía coche: se lo había prestado su chulo, así podría volver a su casa, a que la violara una vez más antes de irse a la cama.
El Hijo De Puta venía de saquear el escaparate de una tienda con el sistema del “alunizaje”. La alarma comenzó a sonar, y el coche se había quedado empotrado y no salía. Necesitaba un medio de transporte. Corrió por las calles oscuras y frías, aferrando una bolsa con el escaso botín por debajo de la chaqueta. Al doblar una esquina, vio un coche detenido, con el motor en marcha, en medio de la calle. Extrañado ante tanta buena suerte, se acercó en silencio: una vieja zorra borracha se inclinaba por fuera de la ventanilla del conductor para vomitar. Corrió hasta el coche y se sentó en el asiento del copiloto justo antes de que ella acabara de regurgitar toda la lefa que le corroía el estómago. Al volver a sentarse, miró por unos segundos con extrañeza al joven delgado y cubierto de cicatrices sentado junto a ella, dudando de si ya estaba allí antes. Él interrumpió sus razonamientos sacando un revólver del bolsillo de la chaqueta y ordenándola que arrancase. Se agachó para no ser visto, y sin dejar de apuntarla, abandonaron el lugar. Ella conducía sorprendentemente bien pese a su estado: hay que ver lo que espabila echar una buena pota y que luego te apunten con una pistola a la sien. Mejor que el perico colombiano.
No cruzaron palabra durante el viaje. El Hijo De Puta, ya incorporado una vez pasado el peligro, señalaba con el dedo las salidas adecuadas, ajeno a La vieja Puta alcohólica que conducía. Por fin, le hizo señas de que parase. Su casa estaba cerca. Una vez detenido el coche, pensó en agradecerle el paseo con un tiro en la boca. Ya iba a apretar el gatillo, cuando vio que La Puta lloraba. Entonces cambió de plan. Se bajó los pantalones y los calzoncillos, la cogió de la cabeza y la guió hasta la zona que ella mejor conocía; allí fue donde su angustia se desvaneció: con la habilidad de tantos años, engulló el falo del Hijo De Puta hasta la tráquea, notó cómo éste crecía en su interior y le aplicó un severo masaje genital que el bueno del Hijo de Puta, que creía que sabía mucho de mujeres, no resistió más de dos minutos. Cuando sintió que se iba, calló con una sonrisa maliciosa, y, sobreponiéndose al éxtasis, bajó la mirada para ver cómo se llenaba de semen la boca de su madre, cómo su sucia garganta se atascaba con sus fluidos.
La Puta tosió un par de veces; quiso morir. Él sonrió. Recogió el botín, se bajó del coche y empezó a andar hacia su casa, regocijándose por el excelente tratamiento recibido. Entonces echó algo de menos. ¿El qué? De pronto una intuición lo golpeó. “La pistola; ¿qué cojones he hecho con la pistola?”. Se giró y vio a La Puta que, desde la puerta abierta del coche, le apuntaba temblorosa con su propia arma. Se maldijo por su estupidez, la había dejado en el salpicadero durante el “servicio”, y, flotando en una nube de testosterona, había olvidado recogerla al salir. Ahora esa zorra lo estaba apuntando, con los ojos inyectados en sangre y lágrimas, y gotas de leche colgando aún de los labios. Cerró los ojos. Esperó unos segundos interminables, pero como nada ocurrió, volvió a abrirlos. Allí seguía ella, sentada en la misma postura, temblando de pies a cabeza, apuntándole con la misma expresión perdida en los ojos. La miró sonriendo burlón, y supo que no dispararía. Incluso ella lo sabía, aunque lo deseaba con todas sus fuerzas, pero su dedo no conseguía apretar el gatillo; por más que apretara los dientes y lo intentara, sólo consiguió quedarse clavada allí, siguiéndole con el cañón del arma mientras él se giraba de nuevo y echaba a andar sin mirar atrás. Mientras se alejaba, pensaba:
“Me he corrido en tu boca. En toda tu puta boca”.








































Qué se cuenta la vasca