Religión amorfa

Este es un artículo escrito hace mil años, y haciendo arqueología se ha rescatado para el blog amorfo:
Religión Amorfa por Dr.Escroto

En el Instituto mis amiguetes y yo decidimos montar nuestra propia religión para divertirnos de una manera distinta (y menos dolorosa) que lanzarnos piedras a la cabeza los unos a los otros.

Los dioses eran para nosotros los freaks y subnormales del Instituto:

-Topete, un deficiente mental maricón derrochador de pluma, voz aflautada y acostumbrado a bailar y cantar canciones en medio del patio, convirtiéndose en la reina del instituto. A esta estrella del esperpento la nombramos Diosa del Amor.
-Zayejo, un subnormal chepudo que era una especie de jorobado de Notre Dame moderno con camiseta de Nirvana y con la única compañía de un walkman donde siempre sonaba la música de…sí, Nirvana.

Con el tiempo perdió el poco buen gusto que le quedaba y un grupo de bakalas le adoptó como mascota. Pero en aquella época le admirábamos como el puto amorfo que era y se convirtió en nuestro Dios de la Inteligencia.

-También teníamos a la Pupu: una subnormal paranoica con la cara tapada por el acné cuya principal afición era interrumpir constantemente la clase de Matemáticas con dudas estúpidas. El profesor había dicho que preguntáramos todo lo que no entendiéramos y claro, no se esperaba encontrar a una down en clase.

Al final siempre la mandaba a tomar por culo diciendo algo así como: “te resuelvo las dudas después de clase”.

Ya no sé ni que puto Dios era la Pupu pero me tocó estar aguantándola en clase 3 de los 4 años que dura la ESO.

-Y por último teníamos a Juanpe: un amorfo alto y fuerte con la cara aplastada y sonriendo todo el rato, como si estuviera continuamente fumado. Carma tenía por costumbre subirse a su chepa. Por lo visto era un transporte cómodo y barato. Juanpe se convirtió en nuestro Dios de la Fuerza.

La veneración a nuestros dioses la demostrábamos todos los recreos, llenando bolsas (recogidas de la basura) de tomatitos. Los tomatitos son esas bolitas rojas de los arbustos que según te dicen en la infancia, son muy venenosos, pero yo me he tragado algunos y no me entró siquiera una diarrea.

El caso es que recreo tras recreo, llenábamos el patio de bolsas llenas de tomatitos en honor a nuestros dioses amorfos.

Éramos felices haciendo esas payasadas y entonces, creíamos que esos ritos estúpidos mejorarían nuestra existencia. Autoengaño. Nos estábamos engañando con una religión que nosotros mismos habíamos creado.

Así funciona el cristianismo y cualquier religión. Sólo que a mayor escala, haciendo negocio y con muchos más seguidores que nuestra religión amorfa.

Como no soy gilipollas (al menos no un gilipollas profundo) me dí cuenta a tiempo y ahora estoy libre de las normas y ritos estúpidos de las religiones.

Aunque a la religión amorfa la recuerdo con cariño.

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