Si muriese mañana

Pensamientos y reflexiones sobre qué ocurriría si muriese mañana.

Cuando la muerte te señala

Si la espichase mañana supongo que no me importaría demasiado. Quiero decir, a mi yo muerto.

Ahora, a mi yo en vida, le jodería mucho tener que morirse sin haber terminado antes los proyectos que tengo a medio terminar, y sin hacer muchas cosas que todavía quiero hacer en la vida. Que soy joven, coño.

Pero a mi yo muerto, se la sudaría. Es más, no se enteraría de nada. Porque soy ateo. Por tanto, una vez muerto, ya no hay nada. Igual que un ser vivo, antes de ser engendrado por sus padres no es nada, tampoco es nada una vez muerto. Es un ser vivo muerto. Es decir, un muerto. Los muertos se pudren (o se incineran mejor, sin ocupar sitio en el mundo de los vivos) y a otra cosa. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

En este otro artículo [LINK AQUÍ] ya hicimos unas reflexiones sobre el tema, de una manera más existencialista.

Este artículo es un poco más práctico.

¿Qué ocurriría si muriese mañana?

A mi nada, no te puede ocurrir nada más, una vez muerto. ¿Qué coño te va a ocurrir, si ya no tienes consciencia, ni puedes pensar, ni mover el cuerpo, ni nada? No te enteras ya de nada. Estás muerto, joder. No vas a ir a ningún lado, ni experimentar nada más. Muerto es muerto. Capút. Se finí.

Los que más lo sufrirían serían los vivos que se quedan en este mundo. Los que te conocían, y te querían o apreciaban mínimamente, claro. A los demás que les den por culo.

La verdad que no me enteraría de si mis seres cercanos y queridos están tristes o no. Porque yo estaría muerto. No creo en el más allá, en fantasmas ni en ninguna chorrada religiosa, así que una vez muerto, no hay más tu tía.

Así que nada de sufrir, joder: familia, amigos y seres cercanos: en ese caso no os pongáis tristes por mí ni un segundo. Brindad por mí. Pensad “que le quiten lo bailao” (que no ha sido poco, bien lo sabéis). Y seguid con vuestra vida, disfrutad de vuestra propia vida, porque nunca sabemos cuando nos iremos al otro barrio.

Os lo digo yo, que he sufrido la muerte de buenos amigos muy jóvenes. Demasiado jóvenes. Pero por desgracia (o por suerte, ya que no tuvieron que vivir la decadencia física y mental de la vejez), les tocó morirse jóvenes.

Nunca sabemos si vamos a tener un accidente mortal, una enfermedad chunga incurable, o si un chalao nos va a clavar una navaja en una noche de fiesta. Esas cosas no se pueden preveer. Simplemente suceden. Como dicen los yankis: “Shit happens”. Y le puede suceder a cualquiera, donde sea, en cualquier momento.

Así que más nos vale vivir la vida que tenemos, en este momento, aquí y ahora.

Y ser lo más felices posible.

Y cuando la palmemos, pues ya está. EL FIN. PUNTO.

¿Mi patrimonio y posesiones (tampoco gran cosa)? Pues que lo herede a quién le toque. Lo material, una vez muerto, no le importa una mierda al muerto.

Al final lo único que quedará por años será el recuerdo (bueno o malo) de nosotros en familia, parejas, amigos y conocidos varios con los que hayamos compartido vida. Esa gente, por cierto, también morirá algún día, aquí nadie se libra, continuando el ciclo de la vida y la muerte de todos los seres vivos.

Y si hemos aportado en vida algo destacable, pues nuestras obras (artísticas, científicas, tecnológicas, literarias, sociales o lo que sea con lo que hayamos contribuido con nuestro trabajo y creación a la sociedad), también puede (o no, si tampoco aportan mucho) que nos trasciendan una vez muertos [En este artiCULO se filosofa sobre el tema de la trascendencia].

Y YA.

Ya ves tú qué problema.

No me da miedo la vejez (más miedo me da lo que puede suceder hasta llegar a la ansiada jubilación, como tener que currar como un cabrón por cuatro duros). No me da miedo la muerte. No me da miedo ni siquiera dejar proyectos inacabados (aunque en vida me jode pensarlo, una vez muerto ya dan totalmente igual).

No hay que ser tampoco inconscientes suicidas. Hay que cuidarse y preservar nuestra integridad física lo máximo posible. Seremos estoicos, seremos hedonistas, pero no gilipollas. Tener salud es importante para vivir la vida plenamente.

Pero tampoco hay que tener miedo a la muerte. Igual que no tuvimos miedo a nuestro propio nacimiento. Son etapas de la vida de todo ser vivo. Vivimos y también morimos. PUNTO. Es algo natural. Inevitable. Sucede, y ya está. Algo por lo que todos, tarde o temprano, pasaremos en algún momento.

Y menos mal que así es. Imaginad un mundo donde nadie se muriese. Además del evidente problema de sobrepoblación y falta de recursos a repartir entre tan descontrolada humanidad, sería aburridísimo vivir varios siglos. Y no digamos si el cuerpo va envejeciendo, convirtiéndote en un esqueleto que se arrastra y caga encima. Un walking dead. Eso no es vida.

Pero es que aún conservando la eterna juventud, la vida eterna tiene que ser un coñazo. Te aburrirías de hacer siempre lo mismo (viviendo los suficientes años, ya habrías experimentado todo, varias veces, viajado por todos los países del mundo, conocido mucha gente distinta pero que al final serían todos iguales porque los patrones de comportamiento se repiten, probado todas las comidas del mundo, visto todo el cine, escuchado toda la música, visto en concierto a todos tus artistas favoritos, leído todos los libros que te interesan…). Llegaría un momento en que vivir no tendría ningún aliciente.

Igual que una película, serie, canción o libro que no acabase nunca sería insufrible por muy bueno que fuese (no digamos si es una mierda), necesitamos un final en nuestra vida. Como este artículo, que va a acabar aquí.

Así que BENDITA MUERTE.

Todavía soy joven para morir, pero si lo hago mañana, pues tampoco pasaría nada. El mundo seguiría girando, y los humanos follando.

2 comentarios en “Si muriese mañana

  1. Supongo que uno deja de ser joven cuando la muerte no es sólo un concepto cognitivo, sino motivo de reflexión. Pero la juventud está sobrevalorada. Es la vitalidad lo que importa. Así que a ver todos esos proyectos que todavía quedan por salir, ¡los estamos eperando!

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    • Efectivamente, la vitalidad (a cualquier edad) es lo que importa.

      Los proyectos, como siempre, a fuego lento, sin prisa pero sin pausa. Hasta que están en su punto y salen a la luz.

      Hacer, en el día a día, es lo que da la vida.

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