Bacalao

Las canciones de bacalao son composiciones musicales.

La música es arte. ¿El bacalao es, entonces, arte?

Por mal que nos pese, sí. Pero hay arte y “arte”. El arte es completamente subjetivo, a una persona le puede decir algo una mancha rallajos y a otra le puede parecer que se trata de la pota del propio pintor, un día de intoxicación etílica. Para mí, el bacalao viene a ser la pota.

Mover el esqueleto mientras me rompo los tímpanos con ritmos repetitivos durante 20 minutos, a algunos les parecerá divertido, a mi me raya.

Quizás sea que no lo he probado empastillado. O quizás es porque no deseo ligarme al DJ. O porque no llevo gafas de sol por la noche (nunca he entendido el porqué de eso, es como llevar una linterna encendida a la luz del día). O porque no llevo gafas de sol caras puestas en el pelo, estilo visera, sólo para parecer guay (y más bien parece gay).

Las canciones bacalao tienen unas letras cojonudas. La que más me gusta es la que dice “punchinpunchinplinplin-punchinpunchinplinplin-punchinpunchinplinplin-punchinpunchinplinplin” una y otra vez durante 20 minutos seguidos.

El bailar bacalao es otro arte. Es imprescindible poner cara de simio, sacar pecho y hacer como si golpeas narices en el aire, para que vean lo macho que eres. Paradójicamente, ese macho va vestido con ropa ajustada, todo muy homosexual.

Las tías mueven el culo como si estuvieran en celo. Y lo están: su máxima aspiración es ligarse al DJ. Cosa que no comprendo. No se que tiene de sexy un tío cuyo trabajo consiste en poner canciones del verano la mayor parte del año (porque las canciones del verano no son, como su propio nombre indica, exclusivamente del verano. Las ponen todo el año. Nos torturan a conciencia). Bakalillas mojan sus tangas mientras gritan:

“¡Oh, sí! ¡Ponme otra vez la de King África versus Los del río! ¡O mejor ponme la de punchinpunchinplinplin-punchinpunchinplinplin-punchinpunchinplinplin-punchinpunchinplinplin!”

El otro día vi a un bakala aplaudiendo a un obrero y admirando su sentido del ritmo. El obrero manejaba una taladradora.

En fin, que donde esté la variedad y originalidad en las canciones, se quite el “punchinpunchinplinplin”.

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