Un chupasangre en mi habitación

[publicado originalmente el 6-10-2006]

Un chupasangre en mi habitación

escrito, fotografiado y grabado (incluye vídeo) por Dr.Escroto


Un bicho vampírico se cree que la habitación de Dr.Escroto es su cueva y la quiere llenar de bwano.

Joder, para una vez que me ducho y me pasa esto. 2:00 de la madrugada. Salgo de la ducha tranquilamente en calzones y oigo un ruido raro en mi habitación, como de tas tas tas tas tas. Parecía como si alguien se estuviera pajeando en mi habitación, y no era yo. “Hostias, qué coño será eso” pienso, mientras me armo de valor para abrir la puerta. La abro ¿y qué es lo que veo? ¡Un chupasangre! ¡Un draculín! O sea, que el tas tas tas no era ruido de pajas, sino aleteos. El bicho vampírico vuela por toda la habitación, haciendo círculos. De vez en cuando se me acerca aleteando y haciendo “uiiiiiiii” así que me acojoné y salí de la habitación.

“A ver, estrategia a seguir: hay que expulsar al ente demoníaco pero ya. Primero hay que cubrirse el cuello, no sea que el bicho me muerda y me pegue algo, un tifus. Luego hay que buscar un arma y atizarle en dirección a la ventana para que sepa el camino a seguir, y que no vuelva.”

Vuelvo a entrar con dos cojones y en un rápido movimiento cierro la puerta y me agacho en una esquina, fuera del radio de ataque del chupasangre. Estudio sus movimientos: básicamente vuelos circulares, aunque de vez en cuando se le vaya el radar ultrasónico ese que lleva y haga algún movimiento anormal en su trayectoria de vuelo. Así que en el momento en que el vampiro de Jhon Carpenter pasa justo por encima de mi cabeza me lanzo a coger una bata de la silla de la ropa acumulada y vuelvo a mi base, justo a tiempo de que el Nosferatu no me ataque con sus garras afiladas y sus colmillos envenenados.

Me pongo la bata (las lectoras ya pueden dejar de hacerse dedos pensando en mi efigie en calzones) y busco con la mirada un posible arma por la habitación. A ver…crucifijos no hay, ajos tampoco, estacas ni una…¡coño! ¡si hay una camiseta! Me vino un flashback del campamento aquel en que jugábamos a darnos hostias con camisetas enrrolladas y me acordé de cuanto picaba, así que decidí que ese iba a ser el arma a usar contra el vampiro maligno.

Con una mochila en una mano a modo de escudo y la camiseta enrollada en la otra a modo de espada, caneo a la rata voladora en dirección a la ventana, pero la hijaputa no quiere salir.

Pruebo a apagar la luz. Ya sé que los murciélagos son ciegos y que se mueven mediante radar de infrasonidos, pero era un experimento, ya que a lo mejor estaba en la habitación por el calor de la lámpara o algo.

A oscuras, oigo al hijo de Batman revolotear. Y el cabrón sigue sin marcharse. Como no veía nada, no le podía atizar y estaba acojonado, pues el bicho es ciego pero al menos tiene el, pero yo no. Estaba en inferioridad estratégica y me podía morder la yugular en cualquier momento, así que decido volver a encender la luz y seguirle atizando.

Después de unos cuantos mandobles, el enemigo volador parece que se cansa y va y se pone en una esquina del techo colgado, con las alas tapándose y se pone a dormir el cabrón. Se creía que mi habitación era su cueva o algo así. Yo estaba preocupado, porque el bicho se podía giñar en cualquier momento y llenarme el suelo de bwano. No estaba a las 2 de la mañana como para ponerme a limpiar mierda de rata voladora, así que expulsar al bicho era prioridad, no le podía dar tiempo a echarse la siesta. Así que me acerco sigiloso y le atizo un camisetazo que le dejo grogui en el suelo. “Esta es la mía” pienso. Así que cojo un calzón sucio que estaba por el suelo y se lo tiro encima al bicho. Envuelto en los gayumbos, me dispongo a tirar al Drácula K.O. por la ventana, pero antes (ay amigos, la curiosidad mató al gato) abro el calzón para ver si esta solo mareado o la ha palmao.

Y el bicho se me lanza a la cara. Menudo susto me pegó el cabrón y qué repelús me dió. Tras darme el susto, el jodío sigue volando por la habitación en círculos y haciendo “uiiiiiiiiii”.

Repetí la operación unas cuantas veces: el bicho se cansa-se cuelga-le atizo-el bicho K.O. en el suelo-me acerco-el bicho resucita-se pone a volar.

Ya llevaba una media hora luchando contra el engendro de satanás, así que decidí ponerme serio, agarrar la cámara de video y terminar lo empezado, en una cruenta lucha para expulsar al maligno ser de mi habitación, antes de que se giñara.

Aquí tenéis el final de la historia, un documental digno de Natioanal Giligraphic:

VER VÍDEO Un chupasangre en mi habitación

NOTA: En youtube censuraron el video. Quizás ayudó que lo pusiera en la sección “Animales y mascotas”.

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