Borat 2: La autenticidad de las cámaras ocultas y los límites del humor



Sacha Baron Cohen es un grande del humor: Ali G, Borat, Bruno, El dictador y la serie “Who is America?”… son algunas de las comedias con las que más me he descojonado en la vida.

Me parece un genio cómo combina sketches cómicos con cámaras ocultas reales. Cómo mete a sus bizarros personajes en situaciones de la vida real, con personas reales.

Con Borat 2 (Borat: película film secuela) vaya por delante que también me he descojonado muchísimo. Baron Cohen sigue siendo un master, llegando donde nadie se atreve a llegar en sus gags políticamente incorrectos, pero quizás en esta ocasión las cámaras ocultas sean menos creíbles, menos espontáneas.

Pareciera que tanto Rudy Giuliani como todas las demás víctimas de Sacha Baron Cohen están compinchados. Quizás no sabían lo que iba a pasar exactamente, pero en esta ocasión la presencia de las cámaras y el reconocimiento inmediato de Baron Cohen es evidente.



Sacha Baron Cohen ya no se puede permitir cámaras ocultas con tantas víctimas inocentes como al principio de su carrera, es demasiado famoso él y sus personajes (incluso bromea con ello en un sketch de la película). En esta ocasión he tenido la sensación de que todos los principales protagonistas de las bromas son compinches.

Quizás alguno que pasaba por ahí en las bromas en la calle o con público en eventos no sabía nada, pero la mayoría de bromas de Borat 2 están demasiado bien grabadas (poca cámara oculta, ni siquiera cuela con la excusa de estar grabando un programa de TV) y la caracterización de Baron Cohen es tan evidente que hace difícil su autenticidad.

En su serie “Who is America?” si vi más frescura, y bromas que sí se creían las víctimas espontáneamente. Dicho esto, me descojoné de lo lindo con Borat 2, y Baron-Cohen quizás sea con Ricky Gervais, de los mejores cómicos de la actualidad.

SOBRE LOS LÍMITES DEL HUMOR

No creo en el humor blanco. El humor blanco no hace gracia a nadie. Creo que el humor cuanto más hijoputesco, cuanto más desafíe nuestros límites morales, más gracioso es. El humor es como el arte o la ficción, no se puede medir con un libro moral.

Borat sería inmoral si solo se riese de pobres, de extranjeros. Pero Sacha Baron Cohen se ríe de TODO el mundo, de cualquier clase social, raza, edad, sexualidad… incluído judíos, siendo él judío (por qué solo los cómicos judíos pueden hacer bromas de judíos es otro debate).

Borat o Torrente hacen gracia porque aunque sean unos hijoputas con los demás, ellos mismos son los más risibles. Si en vez de personajes decadentes, fueran personajes a los que todo les fuera bien en la vida, no darían risa al espectador, darían asco.

El caso de “Campeones” sí que es un dilema más complicado que Borat o Torrente, porque estos son personajes de ficción, pero los protagonistas de Campeones, aunque actúen, en su vida real tienen una discapacidad. ¿Reírse de ellos, reírse con ellos o las dos cosas?

Es evidente que “Campeones” a pesar de sus equilibrios en la fina línea de los límites del humor, es una película con moraleja integradora, con lo cual se permiten esas licencias cómicas sin resultar ofensivo para nadie (o no tendría por qué serlo para cualquiera con un mínimo sentido del humor, incluídos los mismos protagonistas que se prestan al juego, demostrando más inteligencia que muchos otros).

Hay gente que opina que no se puede hacer humor con determinados temas, clases sociales, razas, sexos, orientaciones sexuales, enfermedades…

Pero… entonces solo se podría hacer humor sobre “supuestos privilegiados”: solo chistes de Hombres Ricos Blancos Heterosexuales Inteligentes Guapos Altos Fuertes Sanos Felices A los que todo le va perfecto en la vida (¿Existe alguien así, sin ningún problema personal, sin ninguna tara de ningún tipo?…lo dudo).

Precisamente la no discriminación, la inclusión, es hacer humor de todo, y en todas direcciones.

En el momento en que se veta a alguien o un colectivo de ser posible blanco de bromas o humor, le estás discriminando, le estás marginando. Se está diciendo “ese/esos son inferiores, no son como los demás, son débiles”.

A ver, lo injusto sería si solo un colectivo privilegiado pudiese hacer humor contra otro o contra todos los demás colectivos, y solo hiciese bromas en esa dirección, sin dar al “oponente” posibilidad de respuesta humorística. Por ejemplo, sería injusto un vigilante de campo de concentración nazi haciendo chistes de judíos, sin dar a estos posibilidad ninguna de contestarles, o de hacer a su vez chistes de los nazis. No sería juego limpio.

Pero en el contexto adecuado (y con la gracia adecuada, no hay nada peor que un chiste que no haga gracia. Si un chiste puede resultar ofensivo a alguien, al menos que sea gracioso), con el tono adecuado y evidentemente respetando ciertos límites evidentes (de no hacer daño físico a nadie, no cebarse si alguien lo está pasando especialmente mal, etc…) se pueda hacer humor de todo, de todos y en todas direcciones en igualdad de condiciones y de libertad de expresión.

Es lo que hace que el humor sea una de las herramientas mentales más liberadoras que hay, y por eso en las dictaduras, una de las primeras cosas prohibidas es no hacer chistes que no gusten al régimen.

Hay discapacitados que hacen chistes sobre sí mismos. Hay supervivientes (o familiares de víctimas) de catástrofes históricas a los que no les importa escuchar chistes sobre el tema (por ejemplo, los tétricos chistes sobre las torres gemelas). Hay familiares de muertos por cáncer o suicidio, que no se sienten especialmente ofendidos, ni se toman como algo personal, escuchar chistes de humor negro donde aparezcan esos temas. Lo relativizan y lo toman por lo que es, una coña, un chiste. Los de pueblo no se pueden enfadar por escuchar chistes de Lepe (habría que preguntar a los de Lepe).

No se puede censurar lo que no nos gusta por motivos subjetivos. Si no estaríamos censurándonos contínuamente unos a otros, y solo se podría hablar del tiempo (y aún así habría polémica).

La libertad de expresión es el derecho a escuchar cosas que no nos gusta oír, y a decir cosas que no les gusta oír a otros.

El humor es libertad. El humor es inteligencia. El humor es salud mental. Y salud física (incluso se hace ejercicio, se mueven muchos músculos, después de unas buenas carcajadas pueden salir hasta agujetas en los abdominales y dolerte la mandíbula del desencaje). El humor desestresa. Después de echar unas risas todo el mundo se siente inmediatamente mejor. No hay nada más liberador que reírnos de nosotros mismos.
Así que no jodamos con el humor:
Tomémonos el humor muy en serio y reguémoslo con libertad.

Sacha Baron Cohen es uno de los cómicos más libres que existen ahora mismo, como ha demostrado una vez más con Borat 2.

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